jueves, 17 de febrero de 2011

Giovanna Cury y la experiencia del aprendizaje.

Giovanna Cury, niña brasileña de una ciudad del Estado de São Paulo, aprendió a leer en las tumbas del cementerio, a los dos años de edad.
Giovanna pasaba las tardes con su abuelo, José Carlos Fernandes, celador del cementerio. La niña empezó a jugar sobre las tumbas, y se interesó por las letritas que formaban los nombres. Así la niña entró por primera vez en contacto con el alfabeto. Ella pasaba su dedito sobre cada letra y preguntaba al abuelo que, con mucha paciencia y sin ninguna experiencia dídática, le decía los sonidos de cada una y el sonido cuando se juntaban a otras. Así la niña de 2 años aprendió a leer. La primnera palabra fué el nombre Ana. Su abuelo le pedía entonces que encontrara otro nombre igual, para que la niña pasara el tiempo. Luego Giovanna volvía y llevaba su abuelo hasta la otra tumba con el mismo nombre. A ella le gustaba mucho encontrar los nombres iguales, era como un juego, dice el abuelo.
Un especialista, doctor en educación, casificó la experiencia de la niña como " alquímica", pues ella transformó los escritos en las tumbas en nuevos nacimientos, con pasajes para el mundo de la lectura, escrita e interpretación expresiva y creativa.
El especialista aún resalta el método humano de una alfabetización entre abuelo y nieta, a través de un proceso tradicional, lo de  deletrear silábicamente, como en las cartillas antiguas, pero lo más significativo ha sido el encuentro humano, pues él acogía con mucho entusiasmo el deseo que Giovanna tenía en aprender y la enseñava con paciencia y esperanza. Seguía "jugando con su nieta".
Según los especialistas, es necesario reconocer la necesidad de educar la inteligencia y los sentidos para el proceso de la humanización del hombre.

sábado, 22 de enero de 2011

Maravillosa y única: MERCEDES SOSA


¡Haría falta más gente como ella, para que haya una mirada que contemple el derecho de Israel a existir!

jueves, 30 de diciembre de 2010

¡Brindemos!

En vísperas de Año Nuevo los humanos pretendemos dividir lo eterno. Hacemos etiquetas y calendarios con plazos y fechas; incluso remitimos tarjetas de felicitación y prosperidad. Hitos que marcan el acontecer de un período y desde donde arranca otro igual. Segundos, minutos, horas, días, años, centurias; celdas donde encerramos el fluir de la vida. Todo un artificio social.


En fin de año nos invade una especial alegría. Por un momento olvidamos pesares y desencantos. Afloran motivos intrascendentes. Nos abandonamos a la fácil circunstancia de los convites y de la bullanguera comparsa.

Al empezar la nueva cuenta del almanaque hay otra vertiente y nos ensimismamos. En forma instintiva buscamos refugio en nosotros mismos. Descubrimos el fondo de los pensamientos; buceamos en el alma. Del solitario interior nacen las ideas. Vamos al pasado para sacar conclusiones que apunten al porvenir. Somos lo que somos por lo construido en la vida colectiva; es nuestro patrimonio. Encaminamos nuestros pasos con la esperanza de encontrar un mundo mejor; es la herencia que dejaremos.

Llega el Año Nuevo. La luz se hunde en el cielo, se esfuman las nubes. La claridad destaca el fino contorno de la montaña de la serenidad. Por sus laderas resbalan las flaquezas humanas. El egoísmo que nos asedia como una sombra, parece disiparse. El sol radiante se eleva, nuevos contornos se iluminan. Un solidario principio fraternal nos agita. Desde nuestra butaca familiar surgen las reflexiones; la meditación alcanza su más alto sentido de amor y hermandad.

Es el momento que nuestras cosas y los seres que nos rodean, la vida del lugar que habitamos, el país al que pertenecemos, la cultura que históricamente recibimos, se aparean con otros seres, pueblos, naciones y culturas distintas en el tiempo en el espacio. Panorama total que despierta un interés superior. Nos percatamos de los vaivenes, fisuras, debilidades que unen y separan a hombres, razas y civilizaciones. La nobleza espiritual frente a la envidia, el odio y la mentira. Como en el Infierno de Dante recorremos la carroña del mundo; nos alarma comprobar como se pisotean con tanta frecuencia los valores fundamentales. Lo nuestro es apenas ondulación en el devenir general; menudencias barridas por el viento de la incomprensión y la falsedad.

De la comparación de las culturas nos aparece la gran crisis actual; no la de premisas endebles, sino la auténtica: la del olvido de la bondad, la justicia y la piedad entre los humanos; la del olvido del solidario destino común de la humanidad. Es el Amalek de la hora presente que por sus ideas persigue, asesina, encarcela a sus semejantes; el que regimenta el libre albedrío de hombres y mujeres; el que de manera avara cuenta sus monedas y condena al hambre y a la desesperanza a los débiles sedientos de justicia social; el que engaña a personas y pueblos con falsas promesas de una vida fácil y holgazana; el que con expresiones de ignorancia se ríe de las normas jurúdicas para alcanzar sus bajos apetitos.

La cultura occidental nos motiva y condiciona. Mas no es sólo en Occidente lo que vemos. Las antorchas de la inconformidad se alzan por todos los paralelos y latitudes de la tierra. Se busca un estadio de paz general; dejar atrás la larga noche de la incomprensión. Son los jalones eternos de la humanidad, tan fuertes como las trompetas bíblicas para romper barreras mentales; tan eternas como el tiempo que viene de la nada y que lo es todo.
Semejante al poeta florentino, estos días de reflexión nos elevan de los círculos sombríos.

Debemos tener confianza en la humanidad, en sus grandes fuerzas vitales. Más que ninguna riqueza material, el fraterno convivir es el mejor camino para los seres humanos. Llegaremos a ello sólo cuando el yo del egoísmo se cambie por el nosotros de la solidaridad. ¡Esa es la paz interior que buscamos; la paz de todos los pueblos!

¡Feliz Año Nuevo !

Extraído de www.semana.co.il, me pareció la mejor forma de expresar mis  deseos para el año 2011 y los que sigan.


Catalina Zentner

lunes, 22 de noviembre de 2010

Arturo Illia, la oportunidad perdida de Argentina



Illia en pijamas

Por Alfredo Leuco (Columna radial 15/11/10)

El sábado, en su glorioso recital, Jairo contó una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal. Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y fueron a golpear la puerta de la casa del médico del pueblo. El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama, se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González. Apenas vio a la nenita dijo: “Hipotermia”. “No sé si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir”, contó Jairo. La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo. Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas. “¿No le va a dar un remedio, doctor?”, preguntó ansiosa la madre. Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.


A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores. Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche. Jairo dijo que lo contó por primera vez en su vida. Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre. El teatro se llenó de lágrimas. Los aplausos en la sala denotaron que gran parte de la gente sabía quien había sido ese médico rural que llegó a ser presidente de la Nación. Pero afuera me di cuenta que muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota. Y les prometí que hoy, en esta columna les iba a contar algo de lo que fue esa leyenda republicana.


Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII.


Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia.


Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Ese año la desocupación era del 6,1%. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363. Parece de otro planeta. Pero quiero ser lo mas riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.


Le doy un dato mas: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan del lucha que el Lobo Vandor y el sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Por su historica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy mas facturan en el planeta: los medicamentos y el petróleo. Nunca le perdonaron tanta independencia. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. Por eso digo que a Illia lo voltearon los militares fascistas como Onganía que defendían los intereses económicos de los monopolios extranjeros. El lo dijo con toda claridad: a mi me derrocaron las 20 manzanas que rodean a la casa de gobierno. Y los feroces ataques a su gobierno de los peronistas


Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca mas un presidente hizo lo que el hizo con los fondos reservados: no los tocó. Nació en Pergamino pero se encariñó con Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo. Atendió a los humildes y peleó por la libertad y la justicia para todos.


A Don Arturo Umberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho mas pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Yo tenía 11 años cuando los golpistas lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
- Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.


Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.
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Para los que ignoran esta instancia de la historia reciente de Argentina, recomiendo que conozcan al ex Presidente Arturo Illia, aquí el link con su biografía:

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/illia.htm

Jairo es un cantante internacional, vale la pena conocerlo y escucharlo.



lunes, 11 de octubre de 2010

Discurso de Pilar Rahola, al recibir el Premio DANIEL PEARL

"El problema no es la religión musulmana, sino la ideología totalitaria que grita “Viva la muerte” mientras reza a Alá"
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Mi nombre es Daniel Pearl.

Estimados amigos de la ADL, buenos días.

Sin duda, Él debe tener miedo. Mira a la cámara, pero ¿hacia dónde mira?, Quizás hacia su familia, su memoria ancestral, su identidad… O quizás mira más allá, hacia el futuro quebrado, el vientre de la mujer que ama, el hijo que nunca conocerá… Sus últimas palabras… “My name is Daniel Pearl. I am a Jewish American from Encino, California USA”. Hoy es 1 de febrero de 2002, tiene 38 años y está a punto de ser brutalmente asesinado. “My father's Jewish, my mother's Jewish, I'm Jewish…” El yemení que lo decapitará tardará casi dos minutos en cortarle la cabeza. Empezará muy despacio, bajo la oreja, para segar las cuerdas vocales e impedir el grito. “My family follows Judaism. We've made numerous family visits to Israel…”A partir de aquí, el relato brutal de un asesinato cuyos detalles, descritos magistralmente por Bernard Henry-Levi, horrorizarían al propio infierno de Dante. La víctima convertida en metáfora de la belleza de la vida. El asesino, símbolo puro del ser humano sin alma, de la humanidad derrotada. ¿Quién lo ha convertido en un monstruo? “Back in the town of Bnei Brak there is a street named after my great grandfather Chaim Pearl who is one of the founders of the town”. Y todo habrá acabado. Sus esperanzas, sus amores, sus sueños… “My name is Daniel Pearl…” Y el verdugo mostrará triunfalmente a la cámara su cabeza corta, como un trofeo.

Gracias.

Ante todo gracias por este emotivo día, que me compromete más allá de la duda, de la debilidad y del miedo. Recibir el premio que lleva el nombre de Daniel Pearl es algo más que un extraordinario honor, es una responsabilidad. Me llamo Pilar Rahola, nací en la vieja Sepharad, en Cataluña, de familia católica, me siento de izquierdas y soy periodista. Pero como luchadora de los derechos civiles, y como periodista que busca la verdad informativa, yo también me llamo Daniel Pearl, nací en Encino y soy judía. Todos los que amamos la civilización, todos aquellos que concebimos el mundo bajo los valores de la modernidad, somos y seremos siempre Daniel Pearl.
Porqué más allá de nuestras diferencias ideológicas, religiosas o culturales, formamos parte de una herencia cívica que nos compromete con la democracia. Y a esa herencia le han declarado la guerra.

Los asesinos de Daniel Pearl no solo decapitan víctimas indefensas, o asesinan a centenares de personas en los trenes del mundo, o matan a miles en los rascacielos de las ciudades. Sobretodo intentan decapitar los principios de la libertad. La muerte de Daniel Pearl, como la muerte de cada persona caída bajo la locura del fundamentalismo islámico, nos concierne a todos, y no solo por pura humanidad. Nos concierne porque es una bala que va dirigida a cada uno de nosotros, sea cual sea nuestro origen. Cada mujer que respira con sus propios pulmones y conquista su futuro, cada hombre que ama la cultura y el progreso, cada niño que se educa en la tolerancia y en la ley, cada dios que no odia, sino ama, cada uno de ellos tiene una bala con su nombre. Estamos ante un nuevo totalitarismo, heredero natural del estalinismo y el nazismo, tan horroroso como ambos, y quizás más letal. La pregunta hoy es, como siempre fue: ¿hacemos lo correcto para defendernos?

Solo soy una trabajadora de las ideas, y no me corresponde definir las estrategias de inteligencia que combaten a esta ideología. Pero mantengo mi espíritu crítico con muchas decisiones políticas y militares, y no siempre me gustan ni nuestros gobernantes, ni sus acciones. Sin embargo, también es cierto que la ideología islamofascista nos ha dejado desconcertados y asustados, y ha mostrado nuestras debilidades. Hoy, las sociedades libres son más avanzadas tecnológicamente, más fuertes militarmente, y están más intercomunicadas. Pero nuestro enemigo también es más fuerte que nunca. Es la yihad global, con el cerebro y el alma en el siglo XV, pero conectados vía satélite con la tecnología del siglo XXI. Miren Irán, como se ha reído del mundo y avanza, inexorable, hacia el temible dominio nuclear. Un Hitler islámico, con bomba nuclear ¿Quién puede o quiere pararlo? ¿Una ONU inútil, incapaz de reaccionar, más allá de la retórica y la burocracia? ¡Pobre Eleanor Roosvelt, si levantara la cabeza y viera en qué se ha convertido su sueño de la Liga de Naciones? ¿Puede pararlo Europa, atrapada entre sus ambiciones económicas, sus peleas internas y su incapacidad política? Si la ONU no sabe cuál es su papel en el mundo, Europa no sabe ni quien es ella misma. ¿Lo pararán países como China o

Rusia, que más bien son aliados de esta locura? ¿Lo parará EEUU, cada día más perdido en su papel en la esfera internacional? Sinceramente, la única esperanza para el mundo parece ser Israel, que defendiéndose de un monstruo, nos defiende a todos. En ellos confiamos quienes creemos en un futuro libre.

Un faro de luz en un tiempo de tinieblas.

Y más allá de Irán, también es evidente que no conseguimos frenar el fenómeno ideológico que sustenta el fundamentalismo islámico global. ¿Cuántos jóvenes, en este preciso momento, están leyendo textos yihadistas? ¿Cuántos miles están siendo educados en el odio a Occidente y en un renovado antisemitismo, y ello en las escuelas de países “amigos”? ¿Cuántos, en las mezquitas de nuestras ciudades, se alimentan del desprecio a la democracia? ¿Cuántos aprenden a amar a su Dios, odiando al prójimo? ¿Cuántos están, ahora mismo, utilizando el invento de un judío, Internet, para transmitir sus ideas de muerte? Observen el mundo. Millones de mujeres esclavas, sometidas a leyes medievales, ante la indiferencia internacional. ¿Quién impedirá su tragedia? Millones de niños que viven en dictaduras enormemente ricas, condenados a la pobreza y educados como fanáticos autómatas? En la propia Europa, el avance del fundamentalismo es enorme, y nuestras democracias se muestran incapaces de frenarlo. Y cabe recordar que el problema no es una religión, ni una cultura, ni un Dios. El problema es el uso totalitario de ese Dios. Sin duda, hay un Islam de vida y de convivencia. Pero hoy en el mundo, también existe un Islam que está muy enfermo y que, en su delirio del dominio planetario, arrastra a millones de personas a su propia perdición. No se trata, pues, de un choque de civilizaciones o religiones. Se trata de civilización contra barbarie. Y dentro de la civilización están todos aquellos musulmanes que son asesinados en autobuses, y trenes y colas del mercado; las mujeres que luchan por su libertad en las dictaduras del petrodólar; los estudiantes iraníes; los disidentes... En la barbarie están los Hamás y los Hezbollah y las Yihad, y los decapitadores de personas, y los imanes que alimentan el odio en las mezquitas del mundo… El problema no era Alemania, sino el
nazismo. El problema no eran las utopías de izquierdas, sino el estalinismo. El problema no es la religión musulmana, sino la ideología totalitaria que grita “Viva la muerte” mientras reza a Alá. Una ideología que lleva, en su macabro recuento, miles de muertos.

Seamos conscientes de algo trágico. A pesar del espejismo de nuestra superioridad en todos los ámbitos –militar, político, moral-, sin perder la batalla, tampoco estamos ganándola. Como si estuviéramos a principios del siglo XX, cuando el comunismo parecía una ideología liberadora. O en los años 30, cuando Hitler solo parecía un payaso estúpido, y Chamberlain le hacía los honores. Antes, como ahora, y ante los inicios de una amenaza global, nuestra capacidad de reacción es pobre, es tímida y es errática. Y en algunos casos, directamente colaboracionista.

Permitan que les hable de mi planeta, el planeta de las ideas. Intelectuales, periodistas, escritores, gentes del pensamiento, ¿están a la altura del momento histórico que viven? ¿Lo están los movimientos de izquierda, tan ruidosos en la crítica a países democráticos, y tan silenciosos en la lucha contra grandes tiranías? No. Aprovecho el enorme prestigio de ustedes, la ADL, pioneros en la defensa de los derechos civiles, y aprovecho el extraordinario premio que me otorgan, para elevar un Yo acuso triste, pero frontal. Hoy la mayoría de intelectuales y periodistas se mantienen sordos, ciegos y mudos ante las amenazas más serias que sufre la libertad. Y algunas de sus proclamas estridentes, son la ayuda más eficaz que esta ideología totalitaria tiene en el mundo libre.

Acuso a periodistas e intelectuales de callar ante la opresión bárbara de millones de mujeres, condenadas a vivir bajo leyes medievales que las amputan como seres humanos. Ni manifestaciones, ni declaraciones de Obamas, ni boicot, nada. Estas víctimas no interesan, quizás porque no se puede culpar a israelíes o norteamericanos, de su desgracia. Y solo el antiamericanismo y el antiisraelismo moviliza su selectiva ira. Acuso a periodistas e intelectuales de callar ante la matanza permanente de centenares de musulmanes, víctimas de las bombas islamistas, cuya desgracia no interesa porque la culpa tampoco la tienen judíos o yankees. Acuso a periodistas e intelectuales de criminalizar a Israel hasta el delirio, y ayudar a crear un cuerpo intelectual comprensivo con el terrorismo palestino. Los acuso del nuevo antisemitismo que azota el mundo, y cuyo carácter de izquierdas, políticamente correcto, lo convierte en un fenómeno muy peligroso. Vengo de un estado, España, que ha sufrido el atentado terrorista más importante de Europa. ¿Creen que ello nos ha vacunado contra la imbecilidad intelectual, contra la estupidez ideológica, contra el dogmatismo ciego? Muy al contrario, España es hoy el país más obsesionado con Israel, uno de los más antiamericanos y el más antisemita del continente. Los ha habido, incluso, que han llegado a culpar a los israelíes del atentado de Atocha. Y es que, como escribí hace tiempo, mucha gente culta e inteligente, se vuelve imbécil cuando habla sobre Israel.

En mi ciudad, Barcelona, el odio a Israel se ha convertido en una seña de identidad de la izquierda, capaz de no querer conmemorar el día de la Shoá, por solidaridad con los palestinos. Yo misma he sido difamada y amenazada, e incluso han intentado inventar el delito de “negadora del holocausto palestino” para llevarme a los tribunales. La lista de delirios que la España actual genera respecto a Israel y al pueblo judío solo recuerda trágicamente la España medieval y sus edictos de expulsión. Hoy amamos las piedras judías de Toledo y Girona, pero despreciamos a los judíos vivos, criminalizamos a Israel y convertimos a los terroristas en héroes. Y sin embargo, si nuestro aliado ético, civil y político no es Israel, ¿qué país de medio Oriente puede serlo? ¿Las dictaduras religiosas, los opresores de mujeres, los fanáticos fundamentalistas? Los intelectuales españoles y con ellos una gran parte de la inteligencia mundial, miran al revés, piensan al revés y al revés establecen odios y alianzas. Los judíos medievales representaban la cultura, la medicina, el conocimiento, y eran ellos los perseguidos. Hoy Israel, más allá de sus criticables errores, representa la metáfora de todo lo que debemos preservar, la libertad, el derecho a existir, la tolerancia religiosa. Y sin embargo, es Israel el país más odiado. Y así, mientras el fundamentalismo islámico crece, violenta, secuestra y mata, la progresía mundial mira hacia otro lado, abandona a las víctimas y chilla sus consignas contra el único país del mundo amenazado con la destrucción. ¿Se han fijado que su única obsesión es atacar a las dos democracias más sólidas del planeta y las que han sufrido los peores ataques terroristas? ¡Qué izquierda loca!

Se llaman solidarios, libertadores, progresistas, y sin embargo son una izquierda lunática, dogmática y antihistórica, que abomina de sólidas democracias, mientras perdona a brutales tiranías. Son los nuevos Chamberlain, colaboradores inconscientes del totalitarismo que avanza en el mundo. Porqué no olvidemos que la libertad no solo se gana en el campo de batalla político o militar. Se gana también en el campo de las ideas.

Por eso me llamo Daniel Pearl, y también Guilad Shalit y Ayan Hirsi Alli y Gordon, y Maria Rose y Andrew, y William y cada uno de los nombres de los asesinados en las Torres Gemelas, en los metros de Londres, en los trenes de Madrid, en los autobuses de Jerusalen. Me llamo Sakineh Mohammadi Ashtiani, la mujer condenada a morir por lapidación en Irán. Y todas las que ya han sido lapidadas. Si no somos ellos, ¿quiénes somos? Si no nos llamamos con sus nombres, ¿cómo nos llamamos? Si no defendemos sus valores, ¿qué monstruos defendemos? Aquí, ante la ADL, con el inmenso honor de recibir el Daniel Pearl Award, reafirmo mi compromiso ético, periodístico y humano. No dejaré de ser crítica con Israel, ni con mi Estados Unidos, ni con mi propio país. No dejaré de explicar la verdad, allí donde la vea. Pero siempre recordaré a qué lado de la balanza me sitúo. La de la libertad frente a los tiranos; la de las mujeres, frente a su opresión; la de los judíos, frente al antisemitismo; la de la cultura, frente al fanatismo; la de Israel, frente a sus destructores; la del compromiso, frente a la indiferencia.

Dijo Elie Wiesel: “The opposite of love is not hate, it's indifference. The opposite of beauty is not ugliness, it's indifference. The opposite of faith is not heresy, it's indifference. And the opposite of life is not death, but indifference between life and death”.

La indiferencia es la antesala del mal. Y contra ese mal lucharé siempre.
Gracias. 

Carta de la familia PEARL 
Es para mi un GRAN, GRAN HONOR mostraros la carta que me han enviado los padres de Daniel Pearl, en relación con el premio que me otorga la Anti-Defamation League, y que lleva el nombre de su hijo. 
Es una carta emotiva que me llena de orgullo y de compromiso. 
Solo puedo agradecerla y comprometerme aún más.

Pilar Rahola
CARTA DE AGRADECIMIENTO DE LA FAMILIA PEARL A PILAR RAHOLA


Querida Pilar,
Estuvimos muy complacidos al saber que usted fue seleccionada para recibir, en 2010, el Premio ADL Daniel Pearl, el nombre de nuestro hijo, y que usted ha honrado el legado de Daniel al aceptar este premio.

Aunque no nos conocemos personalmente, durante varios años hemos sabido de su trabajo; sus valientes y perspicaces artículos circularon ampliamente entre nuestros amigos.

Creemos que su discurso contra el antiamericanismo, el antisemitismo y antiisraelismo en Europa, especialmente entre los intelectuales de extrema izquierda, ha sido una de las voces más valientes y esperanzadoras que hemos escuchado desde Europa en la última década.

Al demostrar este valor e integridad, y al revelar la verdad ahí donde la verdad ha sido suprimida o ignorada, usted ha estado siguiendo los pasos de Danny quien, al igual que usted, hizo de la verdad su religión y de la humanidad su bandera.
El antisemitismo europeo, en su disfraz intelectual, es un fenómeno que ha sido ignorado, en gran medida, por los principales medios de comunicación estadounidenses. Esperamos, por lo tanto, que este premio amplificará su voz y animará a otros a unirse a su heroica batalla por la verdad, la justicia y un mundo libre de odio.

Es de especial importancia para nosotros, que este premio le sea otorgado a usted tres días antes del cumpleaños de Danny, el 10 de octubre, en medio del 9 º Día Mundial de la Música Daniel Pearl, cuando más de mil conciertos alrededor del mundo desafiarán el odio que tomó la vida de Danny y rodearan la tierra por la cordura y la humanidad.

Que el sonido de su voz se mezcle con la música de estos conciertos para reafirmar nuestra convicción que, al final del día, la cordura triunfará y la humanidad prevalecerá.
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Ruth y Judea Pearl
Fundación Daniel Pearl
04/10/2010
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

jueves, 7 de octubre de 2010

Una historia para no olvidar...

¿Hay ángeles judíos?


Publicado por: David Salischiker el 03 Octubre 2010
Autor: 
Enrique Valiente Noailles
Fuente: 
Diario La Nación - 03/10/2010

A medida que pasan los años, van muriendo aquellas personas que vivieron la Segunda Guerra Mundial y en algunas décadas ya no quedará ninguno. Después de que muera el último, la historia quedará librada a imágenes y testimonios escritos que no tendrán como correlato a testigos vivos.

El paso del tiempo tiene como efecto la pérdida de vividez de la historia y su conversión en algo crecientemente abstracto. De allí la importancia de contar con testimonios en primera persona de quienes tuvieron la experiencia de lo ocurrido, cosa que se propuso el proyecto Remembering World War II: First Person Accounts, cuyos videos pueden descargarse gratuitamente en iTunes.

Algunos minutos de un relato directo en video pueden ser más reveladores que varios manuales de estudio. Uno de los relatos, de entre más de 30, es el de Bruno Bienenfeld, quien cuenta su experiencia de niño en el campo de concentración de Jasenovic, Croacia, en 1943. Su testimonio condensa en tres minutos y cuarenta segundos todo aquello de lo que es capaz el hombre: la crueldad extrema, el amor extremo.

Bruno llegó en tren al campo, ante los ladridos de los perros y las metralletas alemanas. Uno de los perros, que no ladraba, le evocaba a los que él había dejado atrás. Desembarcó junto a sus abuelos a quienes luego de la separación inicial nunca más vio. Y fue encerrado junto a su madre y padre en una barraca rodeada de alambres de púa, en un sitio que fue catalogado alguna vez como el epítome del horror.

Todos los días recibían una sola comida, consistente primariamente en un pedazo de pan. A cierta altura, Bruno le preguntó a su madre si quedaba pan, porque tenía hambre. Bruno evoca la pena en los ojos de su madre cuando le contestaba: "No hoy, tal vez mañana". Una noche, luego del rezo habitual, su madre le pidió que buscara debajo de su almohada de paja, y ante su sorpresa, encontró un segundo pedazo de pan. Cuando Bruno le preguntó cómo había llegado allí ese pan, ella le contestó: "Fue un ángel, contestando a tu rezo". "¿Hay ángeles judíos?" preguntó Bruno. "Hay ángeles para todas las personas en la Tierra", le dijo ella.

El tiempo pasó y Bruno notó que era el único en el campo que obtenía dos pedazos de pan diarios. Mientras tanto, su madre se debilitaba día tras día, hasta que, luego de dos meses, murió. Esa misma noche, luego de rezar, Bruno buscó su pan, como siempre, pero ya no estaba. Entonces le dijo a su padre: "El ángel no puso el pan bajo mi almohada hoy." Su padre lo abrazó y le dijo: "Sí, lo sé. Es que estaba demasiado ocupado llevando a tu madre al cielo". Bruno Bienenfeld vive ahora en algún lugar de los Estados Unidos. Alguien le escribió, buscándolo en una dirección encontrada por Internet, diciéndole que no podía ver ese testimonio sin conmoverse una y otra vez. A lo que, luego de unos días, el Bruno de hoy, el Bruno de ayer, el que no estará mañana, respondió: "Sí, soy yo. También lloro, a pesar de que han pasado 67 años. La extraño mucho". Hay zonas en las que el tiempo no pasa. Coinciden a veces con las que la historia no debe dejar pasar.