Mostrando entradas con la etiqueta odio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta odio. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de marzo de 2011

Infamia, injusticia, cobardía = asesinato de niños

Dos Terroristas se infiltraron en el asentamiento de Itamar cerca de Nablus en la noche del Viernes 11, entraron en una casa y apuñalaron hasta la muerte al matrimonio Fogel y a sus tres niños de 11,cuatro años y tres meses.
En el año 2002 un terrorista se infiltró igualmente en Itamar y mató a los cuatro miembros de una de las familias que fundaron el asentamiento.

La prensa internacional casi no mencionó o relativizó la masacre ocurrida en Itamar, Samaria el viernes de noche cuando fueron asesinados cinco miembros de una familia israelí por parte de un palestino.

En uno de los periódicos de España se podía leer “Los militares israelíes lanzaron el sábado una búsqueda masiva de supuestos extremistas palestinos”.
La cadena internacional CNN solo mostró en la quinta nota de su sección Medio Oriente, una referencia a lo ocurrido y dudo de que fuera un ataque terrorista al poner entre comillas “ataque terrorista".


No existe un crimen más terrible que el asesinato de niños. Los pequeños no tienen culpa alguna de la barbarie en este planeta; ellos no hicieron mal alguno. En esas criaturas radica la esperanza de que cuando crezcan sean mejores que los adultos que los trajeron al mundo.

Ellos son la oportunidad que la humanidad se brinda a si misma en cada nueva generación. Quien levanta un cuchillo contra un niño, empuña un rifle contra él y aprieta el gatillo o pone una bomba para que explote a su lado, es una persona que no merece vivir.

No debemos buscar justificativo alguno para quien mata a niños premeditadamente; no debemos tratar de comprenderlo, tampoco investigar sus intenciones ni buscar motivos atenuantes a sus actos.


Cada vez que tiene lugar un asesinato de niños en el ámbito de un conflicto nacional, ambas partes tienden a recordar crímenes del pasado cometidos por cada una de ellas. También en nuestro conflicto se mencionan de inmediato nombres de acontecimientos cubiertos de sangre, y no faltan aquellos en los que fueron asesinados niños israelíes y niños palestinos.

Esto es realmente absurdo. Ningún acto criminal realizado en el pasado, incluyendo asesinato de niños,  puede justificar un nuevo crimen de más niños como venganza. Los niños no deben pagar con sus vidas el precio por la vida de otros niños o por adultos asesinados.

Los asesinos de niños son los únicos que deben pagar con sus vidas por el crimen que llevaron a cabo. Por lo tanto, el deber del brazo ejecutor es echar mano a esos criminales, que se merecen pagar con sus vidas por las de los niños que asesinaron.


Si éstos fueron enviados por sus jefes para cometer semejantes crímenes, se debe cobrar el precio definitivo también a quienes los mandaron.

Este acto de castigo tiene que ser llevado a cabo sin remordimiento alguno. Es una acción que el género humano se debe a si mismo para limpiarse de la contaminación con que lo infectan asesinos de inocentes que siguen viviendo en su entorno.

Es cierto que la gente necesita de gran temple para callar y abstenerse de ocasionar daños a personas que no empuñan armas. No debemos perder el tiempo en condenar conductas disolutas, que sólo puede brindar a los asesinos la oportunidad de eludir el castigo por un torbellino de venganza criminal en personas inocentes. Aquellos que claman represalias olvidan que la venganza sobre niños pequeños no fue creada por el diablo, y se apresuran a convertirse en sus emisarios.


Extraído de www.argentina.co.il y www.elreloj.com