lunes, 11 de octubre de 2010

Discurso de Pilar Rahola, al recibir el Premio DANIEL PEARL

"El problema no es la religión musulmana, sino la ideología totalitaria que grita “Viva la muerte” mientras reza a Alá"
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Mi nombre es Daniel Pearl.

Estimados amigos de la ADL, buenos días.

Sin duda, Él debe tener miedo. Mira a la cámara, pero ¿hacia dónde mira?, Quizás hacia su familia, su memoria ancestral, su identidad… O quizás mira más allá, hacia el futuro quebrado, el vientre de la mujer que ama, el hijo que nunca conocerá… Sus últimas palabras… “My name is Daniel Pearl. I am a Jewish American from Encino, California USA”. Hoy es 1 de febrero de 2002, tiene 38 años y está a punto de ser brutalmente asesinado. “My father's Jewish, my mother's Jewish, I'm Jewish…” El yemení que lo decapitará tardará casi dos minutos en cortarle la cabeza. Empezará muy despacio, bajo la oreja, para segar las cuerdas vocales e impedir el grito. “My family follows Judaism. We've made numerous family visits to Israel…”A partir de aquí, el relato brutal de un asesinato cuyos detalles, descritos magistralmente por Bernard Henry-Levi, horrorizarían al propio infierno de Dante. La víctima convertida en metáfora de la belleza de la vida. El asesino, símbolo puro del ser humano sin alma, de la humanidad derrotada. ¿Quién lo ha convertido en un monstruo? “Back in the town of Bnei Brak there is a street named after my great grandfather Chaim Pearl who is one of the founders of the town”. Y todo habrá acabado. Sus esperanzas, sus amores, sus sueños… “My name is Daniel Pearl…” Y el verdugo mostrará triunfalmente a la cámara su cabeza corta, como un trofeo.

Gracias.

Ante todo gracias por este emotivo día, que me compromete más allá de la duda, de la debilidad y del miedo. Recibir el premio que lleva el nombre de Daniel Pearl es algo más que un extraordinario honor, es una responsabilidad. Me llamo Pilar Rahola, nací en la vieja Sepharad, en Cataluña, de familia católica, me siento de izquierdas y soy periodista. Pero como luchadora de los derechos civiles, y como periodista que busca la verdad informativa, yo también me llamo Daniel Pearl, nací en Encino y soy judía. Todos los que amamos la civilización, todos aquellos que concebimos el mundo bajo los valores de la modernidad, somos y seremos siempre Daniel Pearl.
Porqué más allá de nuestras diferencias ideológicas, religiosas o culturales, formamos parte de una herencia cívica que nos compromete con la democracia. Y a esa herencia le han declarado la guerra.

Los asesinos de Daniel Pearl no solo decapitan víctimas indefensas, o asesinan a centenares de personas en los trenes del mundo, o matan a miles en los rascacielos de las ciudades. Sobretodo intentan decapitar los principios de la libertad. La muerte de Daniel Pearl, como la muerte de cada persona caída bajo la locura del fundamentalismo islámico, nos concierne a todos, y no solo por pura humanidad. Nos concierne porque es una bala que va dirigida a cada uno de nosotros, sea cual sea nuestro origen. Cada mujer que respira con sus propios pulmones y conquista su futuro, cada hombre que ama la cultura y el progreso, cada niño que se educa en la tolerancia y en la ley, cada dios que no odia, sino ama, cada uno de ellos tiene una bala con su nombre. Estamos ante un nuevo totalitarismo, heredero natural del estalinismo y el nazismo, tan horroroso como ambos, y quizás más letal. La pregunta hoy es, como siempre fue: ¿hacemos lo correcto para defendernos?

Solo soy una trabajadora de las ideas, y no me corresponde definir las estrategias de inteligencia que combaten a esta ideología. Pero mantengo mi espíritu crítico con muchas decisiones políticas y militares, y no siempre me gustan ni nuestros gobernantes, ni sus acciones. Sin embargo, también es cierto que la ideología islamofascista nos ha dejado desconcertados y asustados, y ha mostrado nuestras debilidades. Hoy, las sociedades libres son más avanzadas tecnológicamente, más fuertes militarmente, y están más intercomunicadas. Pero nuestro enemigo también es más fuerte que nunca. Es la yihad global, con el cerebro y el alma en el siglo XV, pero conectados vía satélite con la tecnología del siglo XXI. Miren Irán, como se ha reído del mundo y avanza, inexorable, hacia el temible dominio nuclear. Un Hitler islámico, con bomba nuclear ¿Quién puede o quiere pararlo? ¿Una ONU inútil, incapaz de reaccionar, más allá de la retórica y la burocracia? ¡Pobre Eleanor Roosvelt, si levantara la cabeza y viera en qué se ha convertido su sueño de la Liga de Naciones? ¿Puede pararlo Europa, atrapada entre sus ambiciones económicas, sus peleas internas y su incapacidad política? Si la ONU no sabe cuál es su papel en el mundo, Europa no sabe ni quien es ella misma. ¿Lo pararán países como China o

Rusia, que más bien son aliados de esta locura? ¿Lo parará EEUU, cada día más perdido en su papel en la esfera internacional? Sinceramente, la única esperanza para el mundo parece ser Israel, que defendiéndose de un monstruo, nos defiende a todos. En ellos confiamos quienes creemos en un futuro libre.

Un faro de luz en un tiempo de tinieblas.

Y más allá de Irán, también es evidente que no conseguimos frenar el fenómeno ideológico que sustenta el fundamentalismo islámico global. ¿Cuántos jóvenes, en este preciso momento, están leyendo textos yihadistas? ¿Cuántos miles están siendo educados en el odio a Occidente y en un renovado antisemitismo, y ello en las escuelas de países “amigos”? ¿Cuántos, en las mezquitas de nuestras ciudades, se alimentan del desprecio a la democracia? ¿Cuántos aprenden a amar a su Dios, odiando al prójimo? ¿Cuántos están, ahora mismo, utilizando el invento de un judío, Internet, para transmitir sus ideas de muerte? Observen el mundo. Millones de mujeres esclavas, sometidas a leyes medievales, ante la indiferencia internacional. ¿Quién impedirá su tragedia? Millones de niños que viven en dictaduras enormemente ricas, condenados a la pobreza y educados como fanáticos autómatas? En la propia Europa, el avance del fundamentalismo es enorme, y nuestras democracias se muestran incapaces de frenarlo. Y cabe recordar que el problema no es una religión, ni una cultura, ni un Dios. El problema es el uso totalitario de ese Dios. Sin duda, hay un Islam de vida y de convivencia. Pero hoy en el mundo, también existe un Islam que está muy enfermo y que, en su delirio del dominio planetario, arrastra a millones de personas a su propia perdición. No se trata, pues, de un choque de civilizaciones o religiones. Se trata de civilización contra barbarie. Y dentro de la civilización están todos aquellos musulmanes que son asesinados en autobuses, y trenes y colas del mercado; las mujeres que luchan por su libertad en las dictaduras del petrodólar; los estudiantes iraníes; los disidentes... En la barbarie están los Hamás y los Hezbollah y las Yihad, y los decapitadores de personas, y los imanes que alimentan el odio en las mezquitas del mundo… El problema no era Alemania, sino el
nazismo. El problema no eran las utopías de izquierdas, sino el estalinismo. El problema no es la religión musulmana, sino la ideología totalitaria que grita “Viva la muerte” mientras reza a Alá. Una ideología que lleva, en su macabro recuento, miles de muertos.

Seamos conscientes de algo trágico. A pesar del espejismo de nuestra superioridad en todos los ámbitos –militar, político, moral-, sin perder la batalla, tampoco estamos ganándola. Como si estuviéramos a principios del siglo XX, cuando el comunismo parecía una ideología liberadora. O en los años 30, cuando Hitler solo parecía un payaso estúpido, y Chamberlain le hacía los honores. Antes, como ahora, y ante los inicios de una amenaza global, nuestra capacidad de reacción es pobre, es tímida y es errática. Y en algunos casos, directamente colaboracionista.

Permitan que les hable de mi planeta, el planeta de las ideas. Intelectuales, periodistas, escritores, gentes del pensamiento, ¿están a la altura del momento histórico que viven? ¿Lo están los movimientos de izquierda, tan ruidosos en la crítica a países democráticos, y tan silenciosos en la lucha contra grandes tiranías? No. Aprovecho el enorme prestigio de ustedes, la ADL, pioneros en la defensa de los derechos civiles, y aprovecho el extraordinario premio que me otorgan, para elevar un Yo acuso triste, pero frontal. Hoy la mayoría de intelectuales y periodistas se mantienen sordos, ciegos y mudos ante las amenazas más serias que sufre la libertad. Y algunas de sus proclamas estridentes, son la ayuda más eficaz que esta ideología totalitaria tiene en el mundo libre.

Acuso a periodistas e intelectuales de callar ante la opresión bárbara de millones de mujeres, condenadas a vivir bajo leyes medievales que las amputan como seres humanos. Ni manifestaciones, ni declaraciones de Obamas, ni boicot, nada. Estas víctimas no interesan, quizás porque no se puede culpar a israelíes o norteamericanos, de su desgracia. Y solo el antiamericanismo y el antiisraelismo moviliza su selectiva ira. Acuso a periodistas e intelectuales de callar ante la matanza permanente de centenares de musulmanes, víctimas de las bombas islamistas, cuya desgracia no interesa porque la culpa tampoco la tienen judíos o yankees. Acuso a periodistas e intelectuales de criminalizar a Israel hasta el delirio, y ayudar a crear un cuerpo intelectual comprensivo con el terrorismo palestino. Los acuso del nuevo antisemitismo que azota el mundo, y cuyo carácter de izquierdas, políticamente correcto, lo convierte en un fenómeno muy peligroso. Vengo de un estado, España, que ha sufrido el atentado terrorista más importante de Europa. ¿Creen que ello nos ha vacunado contra la imbecilidad intelectual, contra la estupidez ideológica, contra el dogmatismo ciego? Muy al contrario, España es hoy el país más obsesionado con Israel, uno de los más antiamericanos y el más antisemita del continente. Los ha habido, incluso, que han llegado a culpar a los israelíes del atentado de Atocha. Y es que, como escribí hace tiempo, mucha gente culta e inteligente, se vuelve imbécil cuando habla sobre Israel.

En mi ciudad, Barcelona, el odio a Israel se ha convertido en una seña de identidad de la izquierda, capaz de no querer conmemorar el día de la Shoá, por solidaridad con los palestinos. Yo misma he sido difamada y amenazada, e incluso han intentado inventar el delito de “negadora del holocausto palestino” para llevarme a los tribunales. La lista de delirios que la España actual genera respecto a Israel y al pueblo judío solo recuerda trágicamente la España medieval y sus edictos de expulsión. Hoy amamos las piedras judías de Toledo y Girona, pero despreciamos a los judíos vivos, criminalizamos a Israel y convertimos a los terroristas en héroes. Y sin embargo, si nuestro aliado ético, civil y político no es Israel, ¿qué país de medio Oriente puede serlo? ¿Las dictaduras religiosas, los opresores de mujeres, los fanáticos fundamentalistas? Los intelectuales españoles y con ellos una gran parte de la inteligencia mundial, miran al revés, piensan al revés y al revés establecen odios y alianzas. Los judíos medievales representaban la cultura, la medicina, el conocimiento, y eran ellos los perseguidos. Hoy Israel, más allá de sus criticables errores, representa la metáfora de todo lo que debemos preservar, la libertad, el derecho a existir, la tolerancia religiosa. Y sin embargo, es Israel el país más odiado. Y así, mientras el fundamentalismo islámico crece, violenta, secuestra y mata, la progresía mundial mira hacia otro lado, abandona a las víctimas y chilla sus consignas contra el único país del mundo amenazado con la destrucción. ¿Se han fijado que su única obsesión es atacar a las dos democracias más sólidas del planeta y las que han sufrido los peores ataques terroristas? ¡Qué izquierda loca!

Se llaman solidarios, libertadores, progresistas, y sin embargo son una izquierda lunática, dogmática y antihistórica, que abomina de sólidas democracias, mientras perdona a brutales tiranías. Son los nuevos Chamberlain, colaboradores inconscientes del totalitarismo que avanza en el mundo. Porqué no olvidemos que la libertad no solo se gana en el campo de batalla político o militar. Se gana también en el campo de las ideas.

Por eso me llamo Daniel Pearl, y también Guilad Shalit y Ayan Hirsi Alli y Gordon, y Maria Rose y Andrew, y William y cada uno de los nombres de los asesinados en las Torres Gemelas, en los metros de Londres, en los trenes de Madrid, en los autobuses de Jerusalen. Me llamo Sakineh Mohammadi Ashtiani, la mujer condenada a morir por lapidación en Irán. Y todas las que ya han sido lapidadas. Si no somos ellos, ¿quiénes somos? Si no nos llamamos con sus nombres, ¿cómo nos llamamos? Si no defendemos sus valores, ¿qué monstruos defendemos? Aquí, ante la ADL, con el inmenso honor de recibir el Daniel Pearl Award, reafirmo mi compromiso ético, periodístico y humano. No dejaré de ser crítica con Israel, ni con mi Estados Unidos, ni con mi propio país. No dejaré de explicar la verdad, allí donde la vea. Pero siempre recordaré a qué lado de la balanza me sitúo. La de la libertad frente a los tiranos; la de las mujeres, frente a su opresión; la de los judíos, frente al antisemitismo; la de la cultura, frente al fanatismo; la de Israel, frente a sus destructores; la del compromiso, frente a la indiferencia.

Dijo Elie Wiesel: “The opposite of love is not hate, it's indifference. The opposite of beauty is not ugliness, it's indifference. The opposite of faith is not heresy, it's indifference. And the opposite of life is not death, but indifference between life and death”.

La indiferencia es la antesala del mal. Y contra ese mal lucharé siempre.
Gracias. 

Carta de la familia PEARL 
Es para mi un GRAN, GRAN HONOR mostraros la carta que me han enviado los padres de Daniel Pearl, en relación con el premio que me otorga la Anti-Defamation League, y que lleva el nombre de su hijo. 
Es una carta emotiva que me llena de orgullo y de compromiso. 
Solo puedo agradecerla y comprometerme aún más.

Pilar Rahola
CARTA DE AGRADECIMIENTO DE LA FAMILIA PEARL A PILAR RAHOLA


Querida Pilar,
Estuvimos muy complacidos al saber que usted fue seleccionada para recibir, en 2010, el Premio ADL Daniel Pearl, el nombre de nuestro hijo, y que usted ha honrado el legado de Daniel al aceptar este premio.

Aunque no nos conocemos personalmente, durante varios años hemos sabido de su trabajo; sus valientes y perspicaces artículos circularon ampliamente entre nuestros amigos.

Creemos que su discurso contra el antiamericanismo, el antisemitismo y antiisraelismo en Europa, especialmente entre los intelectuales de extrema izquierda, ha sido una de las voces más valientes y esperanzadoras que hemos escuchado desde Europa en la última década.

Al demostrar este valor e integridad, y al revelar la verdad ahí donde la verdad ha sido suprimida o ignorada, usted ha estado siguiendo los pasos de Danny quien, al igual que usted, hizo de la verdad su religión y de la humanidad su bandera.
El antisemitismo europeo, en su disfraz intelectual, es un fenómeno que ha sido ignorado, en gran medida, por los principales medios de comunicación estadounidenses. Esperamos, por lo tanto, que este premio amplificará su voz y animará a otros a unirse a su heroica batalla por la verdad, la justicia y un mundo libre de odio.

Es de especial importancia para nosotros, que este premio le sea otorgado a usted tres días antes del cumpleaños de Danny, el 10 de octubre, en medio del 9 º Día Mundial de la Música Daniel Pearl, cuando más de mil conciertos alrededor del mundo desafiarán el odio que tomó la vida de Danny y rodearan la tierra por la cordura y la humanidad.

Que el sonido de su voz se mezcle con la música de estos conciertos para reafirmar nuestra convicción que, al final del día, la cordura triunfará y la humanidad prevalecerá.
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Ruth y Judea Pearl
Fundación Daniel Pearl
04/10/2010
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

jueves, 7 de octubre de 2010

Una historia para no olvidar...

¿Hay ángeles judíos?


Publicado por: David Salischiker el 03 Octubre 2010
Autor: 
Enrique Valiente Noailles
Fuente: 
Diario La Nación - 03/10/2010

A medida que pasan los años, van muriendo aquellas personas que vivieron la Segunda Guerra Mundial y en algunas décadas ya no quedará ninguno. Después de que muera el último, la historia quedará librada a imágenes y testimonios escritos que no tendrán como correlato a testigos vivos.

El paso del tiempo tiene como efecto la pérdida de vividez de la historia y su conversión en algo crecientemente abstracto. De allí la importancia de contar con testimonios en primera persona de quienes tuvieron la experiencia de lo ocurrido, cosa que se propuso el proyecto Remembering World War II: First Person Accounts, cuyos videos pueden descargarse gratuitamente en iTunes.

Algunos minutos de un relato directo en video pueden ser más reveladores que varios manuales de estudio. Uno de los relatos, de entre más de 30, es el de Bruno Bienenfeld, quien cuenta su experiencia de niño en el campo de concentración de Jasenovic, Croacia, en 1943. Su testimonio condensa en tres minutos y cuarenta segundos todo aquello de lo que es capaz el hombre: la crueldad extrema, el amor extremo.

Bruno llegó en tren al campo, ante los ladridos de los perros y las metralletas alemanas. Uno de los perros, que no ladraba, le evocaba a los que él había dejado atrás. Desembarcó junto a sus abuelos a quienes luego de la separación inicial nunca más vio. Y fue encerrado junto a su madre y padre en una barraca rodeada de alambres de púa, en un sitio que fue catalogado alguna vez como el epítome del horror.

Todos los días recibían una sola comida, consistente primariamente en un pedazo de pan. A cierta altura, Bruno le preguntó a su madre si quedaba pan, porque tenía hambre. Bruno evoca la pena en los ojos de su madre cuando le contestaba: "No hoy, tal vez mañana". Una noche, luego del rezo habitual, su madre le pidió que buscara debajo de su almohada de paja, y ante su sorpresa, encontró un segundo pedazo de pan. Cuando Bruno le preguntó cómo había llegado allí ese pan, ella le contestó: "Fue un ángel, contestando a tu rezo". "¿Hay ángeles judíos?" preguntó Bruno. "Hay ángeles para todas las personas en la Tierra", le dijo ella.

El tiempo pasó y Bruno notó que era el único en el campo que obtenía dos pedazos de pan diarios. Mientras tanto, su madre se debilitaba día tras día, hasta que, luego de dos meses, murió. Esa misma noche, luego de rezar, Bruno buscó su pan, como siempre, pero ya no estaba. Entonces le dijo a su padre: "El ángel no puso el pan bajo mi almohada hoy." Su padre lo abrazó y le dijo: "Sí, lo sé. Es que estaba demasiado ocupado llevando a tu madre al cielo". Bruno Bienenfeld vive ahora en algún lugar de los Estados Unidos. Alguien le escribió, buscándolo en una dirección encontrada por Internet, diciéndole que no podía ver ese testimonio sin conmoverse una y otra vez. A lo que, luego de unos días, el Bruno de hoy, el Bruno de ayer, el que no estará mañana, respondió: "Sí, soy yo. También lloro, a pesar de que han pasado 67 años. La extraño mucho". Hay zonas en las que el tiempo no pasa. Coinciden a veces con las que la historia no debe dejar pasar.

sábado, 2 de octubre de 2010

Justicia por Matías Berardi

Mas de mil personas, en su mayoría adolescentes de entre 16 y 18 años, marcharon, rezaron, encendieron velas y reclamaron justicia por el joven Matías Berardi, asesinado brutalmente tras haber sido secuestrado el martes pasado. El encuentro tuvo lugar en la plaza principal de la localidad bonaerense de Ingeniero Maschwitz.


Ante la presencia del padre de Matías, 15 minutos antes de las 17 partió de allí una marcha que se detuvo frente a la sede local de la policía bonaerense.


La convocatoria fue inusual: transcurrió con la espontaneidad propia de la adolescencia; no hubo oradores preacordados ni discursos con tinte político. La consigna fue muy clara: "Justicia por Matías Berardi". Así, cada chico amigo de la víctima gritó su reclamo a los cuatro vientos, incluso en la propia cara de los policías.


Las casi dos horas que duró la marcha, que se movilizo en dos oportunidades alrededor de la plaza y cinco cuadras hasta la bajada de la ruta 9, a la altura de la ruta provincial 26, estuvo comandada por tres grupos de jóvenes: los amigos de los dos colegios a los que concurrió Matías, los del club de rugby Deportiva Francesa (donde jugaba, institución que mañana lo recordará especialmente, como se informa en LA NACION deportiva, y los amigos de su equipo de fútbol: Chiclana. 


Extraído del diario La Nación, de Buenos Aires. Matías Berardi era un chico de 16 años, cuyo asesinato se suma al elevado número de muertes de inocentes en Argentina, por la inoperancia de los políticos en materia de seguridad.  Muchos discursos y escasas decisiones.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Only Israel

viernes, 3 de septiembre de 2010




sábado, 14 de agosto de 2010

Las pequeñas cosas....y un hasta pronto

¡Hasta siempre!


martes, 27 de julio de 2010

Las locuras del poder en Venezuela


Detrás de la exhumación de Bolívar 
está la enfermiza obsesión de Chávez
Thor Halvorssen

Domingo, 25 de julio de 2010


Tras el asesinato de Julio César, estalló una lucha por el control de su legado. Octavio, sobrino nieto de César, manipuló su posición de heredero para arrebatar el poder a sus rivales. Convirtió a César en un dios, le construyó un templo, y utilizó sus restos para resaltar su relación. El simbolismo era crucial, y para disipar cualquier duda sobre su legitimidad, Octavio adicionó “Julio César” a su nombre.


Poco después de la medianoche del 15 de julio, el presidente venezolano Hugo Chávez retrocedió en el tiempo, y presidió la exhumación de los restos mortales de Simón Bolívar, el mayor héroe de la independencia de América Latina, y objeto de la obsesión personal y política de Chávez. 

El esqueleto fue sacado por partes. Algunas piezas, tales como dientes y fragmentos de hueso, fueron separadas para que se les realizasen “pruebas”. Lo que quedó fue puesto en un nuevo ataúd con el escudo del gobierno de Chávez. Chávez, quien también enviaba mensajes a través de Twitter sobre el procedimiento, pronunció un discurso incoherente en el que le pedía a Cristo que repita el milagro de Lázaro y resucite a Bolívar. 

Al parecer, Chávez también conversó con sus huesos: “Yo he tenido algunas dudas”, dijo Chávez. “Anoche, viendo los restos de Bolívar […] le pregunté ‘padre ¿eres tú o no eres; o quién eres?’ y me respondió ‘sí, soy yo, pero despierto cada 100 años cuando despierta el pueblo’,” relató Chávez a toda la nación, mientras decía estar parafraseando a Neruda.
Por decreto presidencial, todos los canales de televisión en Venezuela mostraban imágenes de Bolívar en pinturas históricas, luego imágenes de su esqueleto, y luego imágenes de Chávez, con el himno nacional a todo volumen en el fondo. El mensaje de esta parodia macabra es inconfundible: Chávez no es un seguidor de Bolívar, Chávez es Bolívar reencarnado. Y cualquiera que se oponga o lo critique es un traidor, no sólo de Chávez sino de la historia. 

Jurídicamente, el cuerpo de Bolívar está bajo la custodia del Estado venezolano, aunque sus parientes más cercanos conocidos fueron Pedro y Eduardo Mendoza-Goiticoa, descendientes directos de la hermana menor de Bolívar, Juana Bolívar y Palacios. Eduardo, mi abuelo, murió hace menos de un año en Caracas, y mi tío Pedro murió el mes pasado a la edad de 96 años, sin que haya habido intento alguno de notificarlos sobre la apertura de la tumba. 

Sólo quien puede imaginar por un momento a Washington, Jefferson, Madison y Lincoln convertidos en una sola persona, puede apreciar la magnitud histórica de Bolívar en gran parte de América Latina, y entender por qué una revolución “bolivariana” es infinitamente más legítima que una revolución “chavista”. La apropiación agresiva de Bolívar a cargo de Chávez —primero política y ahora físicamente— es un hecho muy significativo. Así, Chávez busca eliminar a su mayor opositor y némesis filosófica: el mismo Bolívar. 

Tras el golpe de Estado fallido que dirigió en 1992 contra el gobierno democráticamente electo de Venezuela, Chávez, quien había bautizado a su movimiento rebelde en honor a Bolívar, estuvo preso por dos años hasta que recibió un indulto presidencial. Para candidatear a la presidencia en 1998, Chávez llamó a su partido político “Movimiento Bolivariano”, y como presidente cambió el nombre de Venezuela a “República Bolivariana de Venezuela”. En reuniones de gabinete, Chávez solía dejar una silla vacía reservada para el “espíritu” de Bolívar, y una vez ordenó al banco central que le entregase la espada de Bolívar para su uso personal (desde entonces, Chávez ha obsequiado réplicas de dicha espada a Muammar Gaddafi, Robert Mugabe, Alexander Lukashenko, Vladimir Putin, Raúl Castro y Mahmoud Ahmadinejad). 

Bolívar estaría indignado con la mera noción de que Chávez sea su heredero intelectual o político. En su propia correspondencia, Bolívar se revela como alguien mucho más cercano a Tomás Jefferson que a Carlos Marx (quien además documentó su desprecio por Bolívar en gran detalle). Bolívar describió la forma de gobierno de Estados Unidos —tan ridiculizada por Chávez— como “la mejor en la Tierra”. La pequeña biblioteca que Bolívar cargaba durante sus campañas militares incluía libros como “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith, varias biografías de George Washington, y decenas de obras que celebraban los derechos del hombre frente a la tiranía de los gobiernos despóticos. 

En lenguaje y pensamiento, Bolívar era un estudiante de la Ilustración, y su lucha contra la dominación de España en América del Sur reflejaba esta inspiración. Era un admirador de la Revolución Estadounidense, y su visión del mundo había sido moldeada en sus viajes por Europa, con las obras de Hume, Montesquieu y Voltaire. Bolívar comprendía que las grandes naciones estaban gobernadas por leyes, y no por hombres. El liberalismo, la separación de poderes, las libertades civiles, el libre comercio y la libertad de pensamiento eran temas recurrentes en sus discursos y escritos. 

Evidentemente, Chávez, en su proceso de personalización del poder, de asalto a la propiedad privada, de restricciones a la disidencia política y de destrucción de la doctrina de la separación de poderes, no solamente que no abraza el legado de Bolívar, sino que representa su antítesis.


La idea de abrir el sarcófago de Bolívar surgió por primera vez en 2007, cuando en medio discurso Chávez sugirió que los restos contenidos en el ataúd no eran suyos. En aquel momento, el clamor popular en contra de la apertura del ataúd vetó la curiosidad de Chávez, pero no por mucho tiempo. Mientras Chávez blandía sus sables contra la vecina Colombia, lanzó públicamente la hipótesis de que Bolívar había sido asesinado por la “oligarquía” de ese país. 

Aquí es donde aparece el Dr. Paul Auwaerter, director clínico de enfermedades infecciosas en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. A principios de este año, Auwaerter, especialista en diagnósticos complejos, presentó sus hallazgos en una conferencia anual que analizaba las causas de la muerte de personajes históricos. Auwaerter llegó a la conclusión de que no fue la tuberculosis quien mató a Bolívar en 1830, sino la arsenicosis crónica. En esa época, el arsénico, que se tomaba en pequeñas dosis como tónico, era utilizado por Bolívar para combatir sus ataques de fiebre.

El gobierno de Chávez se aprovechó de la noticia y comenzó los preparativos para exhumar el cuerpo. Auwaerter, quien me dijo que su obra había sido interpretada erróneamente, cree que la evidencia médica disponible apoya la tesis de la ingestión crónica, no la criminal. De cualquier manera, Chávez dice que Auwaerter ha demostrado la tesis del asesinato de Bolívar. 

Imagino que muy pronto el gobierno venezolano anunciará que la investigación demostró que Bolívar fue asesinado (por los colombianos, los estadounidenses o por ambos). De hecho, no me sorprendería que las pruebas de ADN acabasen demostrando que Chávez es ¡pariente lejano de Bolívar! 

Para Chávez, esto no es sólo una obsesión existencial, sino posiblemente una obsesión electoral. Su principal retador político para la presidencia de Venezuela se llama Leopoldo López Mendoza, primo hermano mío y ex alcalde de un municipio de Caracas, cuya aprobación en las urnas superaba el 70 por ciento cuando el gobierno lo inhabilitó de forma arbitraria. La maquinaria de medios de comunicación estatales caricaturiza frecuentemente a López como el que se hace pasar por pariente del Libertador, pese a que López nunca hace referencia pública a su linaje. 

La necromancia de Chávez no acabará sólo con la exhumación de Bolívar. Chávez ya ha anunciado que va a exhumar más cadáveres de los miembros de la familia de Bolívar, y prometió que construirá un nuevo mausoleo para el Libertador.
Espero que algún día los médicos convoquen a una conferencia especializada diferente, una para resolver el enigma de la perversión psicológica de Chávez. ¡Qué triste es ver que en lugar de mostrar a Venezuela los restos de Bolívar, el cadáver de Bolívar deba soportar ver los restos de su amada Venezuela! 

Thor Halvorssen es productor de cine y presidente de la Human Rights Foundation, con sede en Nueva York.
Lea el artículo original aquí.